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Fotografía navideña que sirve para todo el año

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Las postales navideñas son una tradición que persiste: se siguen enviando por correo o entregando en mano. Las primeras suelen estar llenas de imágenes religiosas o de abetos decorados, postales prediseñadas donde pesa más el mensaje del interior. Pero las segundas se reparten aprovechando las fiestas en que se reúne la familia porque se hacen en estudio y la imagen tiene un peso mucho mayor.

Hay padres que prefieren ceder el protagonismo a los más pequeños. Estos quedan entonces a merced de tu bondad como fotógrafo: gorritos de elfos o renos, bolas decorativas del árbol, luces con forma de estrella, barbas falsas, cajas de regalos… Según la edad de los niños, habrá más posibilidades de que quede una divertida estampa navideña que sirva de recuerdo de estas fechas.

Pero también hay quien prefiere que la Navidad sea solo una excusa fotográfica para tener una imagen familiar que sirva para todo el año, es decir, que puedan tenerla en las estanterías en cualquier momento sin que parezca que se les ha olvidado quitarla al cambiar la decoración. En este sentido, una postal navideña tiene fecha de caducidad: se guarda al recoger los adornos y no se vuelve a mirar hasta al siguiente año cuando se vuelven a sacar.

Si en lugar de pensar en una ‘postal navideña’, tus clientes la ven como una ‘fotografía para regalar’, es más lógico que no quieran necesariamente que todo esté lleno de la Navidad. Aunque parezca contradictorio, una fotografía navideña puede ser algo más atemporal, sin referencias a todo lo que rodea estas fiestas.

El set lo compondrán entonces elementos más invernales que navideños. Por ejemplo: pon a la familia o a los niños en un sofá con cojines o sobre mantas a cuadros, añade un montaje con fuego para calentar el hogar, leña apilada, unos cristales entelados… Puede quedar un buen refugio de montaña mientras fuera nieva, ¿no te parece?

Si haces las fotos en el exterior, hay otras posibilidades. Seguro que ya conoces una zona que pueda añadirle un toque rústico a tus fotografías: un parque con árboles otoñales pelados, un camino lleno de hojas por el suelo, un jardín con un río helado, incluso nieve si tienes alguna zona de esquí cercana. Si convences a tus clientes de que las fotos quedarán preciosas como lienzo en la pared en casa de sus padres, verás cómo no les importa desplazarse un poco.

El color predominante es clave porque para una postal de Navidad se lleva el rojo como Papá Noël o el verde del árbol. Pero también el blanco del muñeco de nieve. Así que no olvides concretar qué ropa llevarán para evitar esos colores o tener a mano algunos básicos. Por ejemplo, unos gorros y bufandas blancos hacen de invierno pero no es lo que se esperaría de un 25 de diciembre. También pueden ser marrones y naranjas si la temática es algo más otoñal.

Una opción que cubre todos los ángulos es usar un montaje con caras recortadas o en círculos. Sirven entonces para insertarlas en cualquier tipo de postal, tanto navideña como algo más atemporal. Por ejemplo: una partitura en la que la clave sean las caras puede tener una intención diferente si es un villancico o la canción con la que se conocieron los padres.


 

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